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Nota del diario “Clarín” – 5 de junio de 2006 - Por Silvia Rodiño y Nicolás Morazzo

Claves para empezar después de los 40
¿Cómo hacen los que, en plena madurez, deciden emprender un negocio propio?

Protagonistas de este fenómeno y expertos en el tema hablan de las ventajas y los obstáculos que se encuentran cuando se abandona la trayectoria de toda una vida para probar suerte en el universo empresario.

Basta con echar una mirada a los avisos de búsquedas laborales en los diarios para comprobar que quienes han superado los 40 años raramente son tenidos en cuenta cuando se trata de incorporar personal. Y los números confirman esta tendencia. Según datos de 2005 de la ONG Instituto Mundo del Trabajo (IMT), en la Argentina la cantidad de trabajadores mayores de 50 años es de 3,05 millones, de un total de 5,75 millones de personas que tienen entre 50 y 64 años. Es decir, poco más de la mitad (53,04 %). Por otro lado, se calcula que el 20% del universo de trabajadores de 18 a 50 años se desempeña en forma independiente, pero ese índice asciende a 30% en la franja de los mayores de 50.
"Hasta no hace mucho, los mayores de 60 apenas representaban el 2% de la población. La idea básica era que quienes estaban en el mercado de trabajo tenían entre 18 y 50. El régimen jubilatorio se estableció con este criterio; era un premio al superviviente", argumenta Pepe Robles, director del área de investigaciones del IMT.
Pero actualmente el panorama es distinto: el 10% de la población tiene más de 60 años. Lo que, según Robles, impacta en el mercado laboral de dos maneras: "sobre los mayores que todavía no tienen edad para jubilarse, pero no encuentran trabajo porque son objeto de la discriminación; y sobre aquellos que, al jubilarse, se transforman en sujetos pasivos aunque se encuentran en un momento plenamente creativo y activo de sus vidas".
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(...) Yoga en la oficina
Tal es el caso de Julio Aguirre, quien se alejó del universo empresario para dedicarse a su pasión, el yoga. Este emprendedor comenzó su carrera a los 23 años, cuando ingresó a la compañía Techint. "A los 28 años ya era gerente financiero en Arabia Saudita, adonde fui transferido y me quedé hasta 1982", relata. De regreso al país, se incorporó al plantel de la petrolera Bridas, del grupo Bulgheroni, donde trabajó hasta fines de 1989, cuando se puso al frente de la gerencia financiera de Somisa.
Aunque ya tomaba cursos de yoga desde 1980, tuvieron que pasar diez años, y un fuerte sacudón anímico, para que descubriera las virtudes de la milenaria disciplina. "Durante la intervención de Somisa, me tocó soportar una fuerte presión política, a la que no estaba acostumbrado. Entonces me volqué de lleno al yoga y descubrí una herramienta sólida que me permitió salir adelante". Esa fue la bisagra.
Durante los años '90, Aguirre se desempeñó como consultor del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), pero su pasión por el yoga fue ganando terreno. En 2000, viajó a las Bahamas, donde se encuentra uno de los centros de la Organización Sivananda, una de las entidades más fuertes en la difusión del yoga en Occidente. De vuelta en Buenos Aires, decidió comenzar a dictar clases para ejecutivos y, más adelante, capturó el interés de varias compañías medianas.
La posibilidad de darle un cariz más institucional y profesional a su trabajo se la sugirió una ex colega de Techint, Paula Molinari, hoy propietaria de la consultora Whalecom. "Conozco los problemas del mundo empresario, y por eso enseño, sobre la base del yoga, a mejorar la calidad de vida en la oficina, desde cómo sentarse frente a la computadora hasta practicar la elongación, o relajarse en momentos de tensión", explica Aguirre, y cuenta que está trabajando con grupos de gerentes y secretarias de directorio en programas de una hora, dos veces por semana.
Entre sus clientes, se destacan compañías de la envergadura de Wal-Mart, Philips y Procter & Gamble.
"No gano lo mismo que en otros tiempos, pero vivo feliz: me bajé de la calesita. Los miedos que tuve que vencer no tenían que ver con la actividad que estaba a punto de comenzar, sino con el hecho de dejar atrás lo malo conocido. Pasé de ser el ejecutivo de traje y corbata, que se la pasaba de reunión en reunión, a usar ropa más relajada e informal", reflexiona.


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